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martes, 30 de enero de 2018

De vuelta a la rutina

Hace algunas semanas os informábamos de que nuestros compañeros de primero estaban a punto de empezar su mes de Ejercicios Espirituales en Javier. A estas alturas, nos consta que están bien y profundizando en el encuentro con el Señor. Nosotros, junto con tantos otros, seguimos rezando por ellos.

El Noviciado, sin embargo, nota especialmente su ausencia. La casa se vuelve algo más silenciosa ahora que somos menos. El horario es prácticamente idéntico al que describíamos en anteriores entradas. Ahora bien, durante el mes de enero que estamos concluyendo, han tenido lugar varios acontecimientos reseñables.

Del día 10 al 15, los novicios tuvimos ocasión de visitar a nuestras familias. Las visitas a las familias tienen lugar en verano (tanto en primero como en segundo) y a la vuelta de Navidad (en segundo). Además, en noviembre y mayo, son las familias las que nos visitan a nosotros y pasan algunos días en San Sebastián. Es una gran alegría poder pasar esos días en casa de nuestros padres y visitar a algunos amigos.

Ya de vuelta al Noviciado, retomamos los cursos. Este trimestre nos centraremos, entre otros, en el estudio del voto de obediencia. Por si fuera poco, a lo largo de la semana pasada, tuvimos dos cursos intensivos. Por un lado, Patxi Álvarez de los Mozos nos introdujo en la Misión de la Compañía hoy, a través de la lectura de varios Decretos de las últimas Congregaciones Generales (32, 34 y 35). Por otro, Alfredo Verdoy nos ayudó a penetrar en la intimidad de San Francisco Javier, para lo cual leímos parte de sus cartas. Muchas gracias a los dos por lo transmitido y por irnos enseñando en qué consiste ser jesuita.

Parte de los novicios de segundo con Patxi

domingo, 24 de enero de 2016

CONOCIENDO A SAN FRANCISCO JAVIER

En la tercera semana de enero, los novicios de segundo hemos disfrutado de un curso sobre San Francisco Javier, guiado por Alfredo Verdoy, SJ, profesor de la Universidad Pontificia Comillas y autor de "El molinero de Dios", una biografía sobre el santo. Con Alfredo hemos ido conociendo un poco mejor a uno de los cofundadores de la Compañía de Jesús a través del estudio de algunas de las cartas que enviaba a sus amigos y colaboradores.

José nos cuenta lo que ha sido para él este curso:

Hoy es posible seguir experimentando la vivencia de  Francisco Javier y de tantos otros compañeros, aunque los contextos sean distintos. A él le tocó ser jesuita en realidades muy difíciles, y asomarse a su persona ha sido también asomarnos a un presente y futuro en la Compañía en los que no estamos libres de experimentar soledad, desolación, incomprensión… Pero Javier también nos dice que para cada una de esas situaciones la confianza y la esperanza en Dios son lo importante para perseverar, porque si algo sabe Javier es esperar en el Señor. Su experiencia le dice que el Señor siempre lo ha socorrido y le sostiene, y ahí se nos muestra que es un hombre con memoria agradecida ante las situaciones que se va encontrando.

domingo, 18 de enero de 2015

APRENDIENDO DE SAN FRANCISCO JAVIER

Las cartas de S. Francisco Javier son documentos de enorme valor espiritual. Su lectura nos ayuda a profundizar en la experiencia de Dios y nos da claves para nuestro propio camino de seguimiento del Señor. Por eso durante el segundo año de noviciado dedicamos unos días a conocer la vida del santo navarro a través de su correspondencia. 


Alfredo Verdoy SJ, profesor de historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de Comillas y director de la revista Razón y Fe, es el encargado de impartir este curso. Alfredo es también autor de una biografía sobre Javier, "El molinero de Dios".

Uno de los aspectos que más impresionan de las cartas de S. Francisco Javier y de su vivencia de la misión es la profunda unión que, a pesar de la distancia física, siente con sus compañeros. Esa experiencia tan fuerte de amistad en el Señor le lleva a dejarnos párrafos como éste, una pequeña muestra de los escritos en que hemos profundizado estos días:

"De manera que vosotros, carísimos en Cristo hermanos míos, imprimís en mi ánima continua memoria vuestra; y si la que en mí causáis es grande, confieso ser la vuestra que de mí tenéis, mayor. Dios nuestro Señor os quiera dar por mí el pago que en ello merecéis, pues yo no puedo pagaros con otra cosa, sino puramente confesando mi impotencia para poder satisfacer a vuestras caridades, quedándome un conoscimiento impreso en mi ánima de la grande obligación que tengo a todos los de la Compañía".