martes, 13 de agosto de 2013

ATERPE

Andrés nos cuenta su experiencia en Aterpe:

Aterpe es un centro de Cáritas que atiende a personas sin hogar y en situaciones de exclusión, emplazado en San Sebastián. Dispone de comedor, y también un centro de noche para personas que están en un proceso de acompañamiento con Cáritas. Durante los últimos meses he tenido la oportunidad de colaborar en el comedor  los sábados por la mañana, experiencia que me gustaría compartir en estas líneas.
El servicio ofrecido consiste básicamente en dar desayunos durante la mañana, y a la salida, una bolsa con el almuerzo.  El comedor se abre los sábados a las 10. Mis compañeros y yo llegábamos un rato antes, junto con los demás voluntarios, para empezar a preparar los desayunos. Normalmente hay alguien en la cocina preparando el café y la carne para los bocadillos. Los demás voluntarios nos distribuimos las tareas según las circunstancias.

La experiencia de colaborar en Aterpe me ha permitido acercarme un poco a las vidas y a la realidad de las personas en situación de exclusión.  Allí vienen personas muy diferentes. Para mí ha sido ocasión de aprender y crecer. Creo que, como suele ocurrir en las experiencias de voluntariado, uno llega con buenas intenciones pero también con ideas preconcebidas que hay que ir aterrizando.  Allí se ve que la vida de muchas personas es compleja, y uno tiene pocas soluciones que ofrecer, en principio. Lo que sí se puede ofrecer es un desayuno, y también la acogida, la conversación en la medida que quieran, y un ambiente agradable en que puedan sentirse a gusto al menos ese rato.
A veces los usuarios protestan, se quejan… puede ser porque han tenido un mal día, o porque alguno tiene peor carácter; pero también con ello nos recuerdan que tienen dignidad, que por ser voluntario no vale hacer las cosas de cualquier manera (y en cristiano, el amor se concreta en el servicio). A mí también me ha hecho pensar sobre lo exigente que soy a veces con mi propia realidad.
Aunque vienen con distinta frecuencia, algunos de los usuarios se conocen entre sí. Saben cuando uno ha faltado en el albergue, se preguntan, se preocupan unos de otros. Esto me hizo ver que donde uno como voluntario no puede llegar, a veces ellos mismos se están ayudando unos a otros. Antes de que lleguemos nosotros, Dios ya está actuando, y también debemos aprender a escucharlo y cooperar con Él.




Para mí, en el fondo de esta experiencia está Dios. Creo que Él nos llama a estar con los pobres, los que viven en dificultades, angustiados u oprimidos.  Dios es el que mueve el deseo de ayudarles.  Y Jesús nos enseña en la parábola del buen samaritano cuál es el primer paso: “tuvo compasión; y, acercándose  …”. Creo que este esfuerzo por estar cerca, aunque se concrete en algo pequeño como ofrecer un desayuno, algo de compañía, y toda la amabilidad y afecto que sea posible, nos cambia la mirada y aviva en nosotros el deseo de trabajar y comprometernos en el conjunto de nuestra vida por ofrecer una vida feliz y plena a todas las personas.

martes, 30 de julio de 2013

SAN IGNACIO IKASTETXEA

Óscar nos cuenta cómo es una de sus pastorales en San Ignacio Ikastetxea, el colegio de la Compañía en San Sebastián:


Actividad Religiosa (AR) es un espacio dentro del horario escolar, dedicado a la experiencia de Dios. Este curso he estado, cada viernes, con grupo de 1º de ESO. Hemos tenido momentos para que los chavales pudieran preguntar inquietudes y dudas sobre Dios, dinámicas, oraciones, testimonios... Por lo general, la primera parte era en clase presentando el tema del día y la segunda en la capilla, con tiempo de reflexión, oración y compartir.



Con tantas idas y venidas, propias del Noviciado, el curso se me ha quedado un poco reducido, pero lo suficiente como para saborear bien la experiencia e ir conociendo a los chavales. He disfrutado muchísimo con ellos y me han hecho exprimir la creatividad para llevarles a Dios de la mejor manera posible. La verdad es que cada viernes, después de comer, era como un pequeño nuevo reto al que a veces seguía una grata sorpresa. Espero que, al igual que a mí, les haya servido para ir conociendo un pelín más a este Dios que trata con los pequeños.


lunes, 15 de julio de 2013

LOIOLAETXEA

Durante estos meses de verano, os ofrecemos algunas entradas. Se trata de testimonios sobre algunas misiones que realizamos durante el curso. En esta ocasión, Borja comparte su experiencia en Loiolaetxea. Esperamos que os guste:

Nunca había entrado en contacto con el mundo de la prisión ni me sentía particularmente llamado a él cuando entré en el Noviciado. Con todo, había hecho Ejercicios en la vida ordinaria con un jesuita que acude con cierta frecuencia a la cárcel, y su testimonio y su cariño al hablar de la realidad que allí se encontraba me habían dejado huella.

Así, este curso he tenido la suerte de desarrollar una de mis dos pastorales en Loiolaetxea, una obra de la Compañía, aquí en San Sebastián, que busca ser hogar para quienes salen de prisión sin uno propio.

Los miércoles por la tarde he solido subir con una trabajadora de la casa a la cárcel de Martutene. Allí he conocido las historias de gente que acude a la reunión de grupo con nosotros. Personas concretas que me han mostrado claramente el rostro de Jesús, un Jesús que sufre, que carga con la cruz; he sentido allí cómo el Cristo doliente de la tercera semana de Ejercicios se encarnaba en ellos. Pero también he visto alegría por una buena noticia, por un trabajo, por un permiso durante el cual se han sentido queridos en Loiolaetxea. He rezado con y por sus desilusiones y resignaciones, sus esperanzas y sueños.


He podido, además, compartir ratos, mesa y charlas con la gente de la casa. He tenido la gracia de compartir la Eucaristía con parte de la gran familia que es Loiolaetxea, sintiéndome, desde el principio, acogido yo también.


Doy gracias a Dios por el trabajo que allí llevan a cabo 3 compañeros jesuitas y tantos colaboradores y voluntarios laicos. Le doy gracias porque me ha descolocado, me ha roto esquemas preconcebidos, me ha acercado a sus preferidos. Le doy gracias, sobre todo, porque el amor de Dios, que parecía esconderse en la prisión, aparece y se muestra en Loiolaetxea, por sus verdaderos efectos.

¡Feliz verano y nos vemos en septiembre!